Cuando menos te das cuenta, la sociedad juega un papel determinante en tu vida mucho más allá de lo pensado. Intentas por todos los medios no dejarte llevar por el “¿Qué dirán?” y aún así hay aspectos que de alguna manera u otra le darás una importancia mayor a la que debería tener, como me pasó a mi el día de mi resonancia magnética.
Eran las 10pm y me preparaba para ir a dormir, pensaba y analizaba la situación: (hacerse una resonancia da algo de miedo y cláustrofobia en algunas personas), nunca me había hecho una y de verdad que me intrigaba la sensación que pudiera experimentar estando dentro de aquella máquina. Esa noche tuve que deshacerme de las 9 piezas de metal que me acompañan diariamente, ya que de no hacerlo explotaria la clínica entera y es algo que no he planeado aún (risas).
Al quitarme los piercings sentí como un vacío (literalmente) y así me fui a dormir.
Esa noche tuve una pesadilla donde una enfermera decía con voz de vecina entrometida: “Pero inyectala que si fue tan valiente de perforarse la piel una inyección no le hará ni cosquillas” y al verle las manos de la segunda enfermera solo habian clavos oxidados del tamaño de un tenedor, dentro del sueño estaba aterrada y gritaba pero no se escuchaba grito alguno. Al despertar (7:30am aproximadamente), pensé que eran tormentos psicológicos que todavía arrastro sobre el tipo de imagen que los demás se crean de mi, no me importó y me alisté para el gran día.
Realmente no hice mayor cosa que vertirme con la ropa más cómoda que encontré (un vestido), cero maquillaje, cero ropa oscura, cabello recogido… Sí, esa no era yo. Sin embargo, iba caminando por la calle y me di cuenta que era una más del rebaño, para nadie es un secreto que mi aspecto es muy de “quinceañera” cuando en la realidad voy por los 20. Lo que para nada llama la atención de albañiles sudorosos ni de hombres con cabezas giratorias de 360º, mucho menos para niños señaladores ni para mujeres imprudentes.
Esa caminata se me hizo eterna, nadie se me quedaba viendo ni cambiaba de acera y fue allí donde cuestioné hasta que punto una persona necesita de sus “accesorios” para sentirse diferente. La cuestión acá la podrán confundir con querer llamar la atención y no es eso ni mucho menos, sino que es tanta la necesidad de mostrar a los demás que no eres del rebaño que dependes muchas veces de las herramientas que te ayudan a demostar visiblemente que lo eres.
Al llegar a la clínica el doctor, (que me conoce desde que tenía 12 años) me dice: “Se nota que te sientes mal, te comiste a katherine“, lo que me hizo pensar en que no importó todos los años que teníamos conociendonos, la imagen que me había forjado era mi sello, tan fuerte que sin él todos lo notan.



28/06/11 at 4:55 pm
se ve bien tu blog y la tematica del mismo..saludos vas muy bien